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Daniel Felipe García Pulgarín
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Después de un evento trascendental en el año 2011 ( un suicidio), derivado de la lectura de material ocultista profundo, llegué a descubrir un sigilo o señal de inmortalidad. Esto me condujo a la conclusión de que la Tierra es una prisión eterna para aquel que vislumbra dicho sello. Es como si Dios hubiera puesto esa señal en los cielos para decirme: «No; el mundo no termina el 21 de mayo de 2011 —como predicaba el pastor Harold Camping—; al contrario, vivirás miles de años en el futuro para comprender que la prisión es eterna y nadie escapa de ella».
Bajo esta perspectiva, incluso si llegara a tener descendencia, estos hijos serían eternos, conformando una heredad de seres inmortales, ya sean vistos como ángeles o demonios. Para mí es claro que «6668» es un seudónimo o una extensión de mi identidad, Daniel Felipe García Pulgarín; el «666» resulta evidente en mi estructura. He hallado constantes pistas que reafirman mi creencia sobre esta inmortalidad por designio de Yahvé. Considero que el Diablo es un elegido de Dios, el ángel del abismo que representa la esencia de la Kundalini o la serpiente de la vida. Lo que no me mató inicialmente me ha fortalecido, dejándome en un estado de existencia persistente.