sábado, 23 de mayo de 2026

Algún día alguien me asesinará en Marinilla, Antioquia, u otra ciudad por causa de mi forma de ser y mi temperamento apático o antisocial.

Mis respuestas y reacciones en la calle tienen un motivo. Detesto a la gente que no tiene claros los límites hacia una persona desconocida; en este caso, Daniel García, el autor de este blog. No sé si la gente del campo fue criada a punta de una mala educación o si bien carece de unos mínimos modales. Por una parte, cuando salgo a la calle, yo no busco tocar a otras personas en los hombros, la cabeza o las piernas. Eso es lo que hace la gente conmigo en la calle: son unos completos dementes o enfermos que no miden sus acciones. Un día de estos pasaré a los insultos y luego a la reacción violenta final: los golpes y las patadas. Si yo no toco ni incomodo a otras personas en la calle, ¿por qué otras personas sí lo hacen? Eso es como si yo me moviera a tocar a personas desconocidas en la calle simplemente por alguna manía, desorden o trastorno psiquiátrico como la homosexualidad, el lesbianismo u otro padecimiento mental. Está claro que la sociedad no debe ver estas manías como situaciones normales. Dichas personas deben recibir tratamiento psiquiátrico por su bien y por la integridad de las personas que las rodean. Es verdad eso de ser un ángel real llamado Lucifer o Satanás, pero no por ello la gente tiene que ofenderme con sus acciones fuera de lugar. Eso es como si la modelo Emily Ratajkowski saliera de paseo a algún lugar y todo el mundo intentara tocarla u ofenderla, o llevarse un trofeo o recuerdo robado por ser una estrella del espectáculo. Las personas deben aprender a respetar; así nunca pasaré a los insultos, los golpes o las patadas y, en el peor de los casos, a las armas.

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