martes, 25 de agosto de 2026

No puedo ser el fénix del nuevo orden mundial o Lucifer (hablo del Darth Vader de Star Wars o del personaje Omar Anoke de Starship Troopers 3: merodeador) por mi actitud de apatía y rechazo hacia la gente.

Muchas personas conocen mi comportamiento “guache” o descortés fuera de casa; en cierta forma, eso se llama grosería. Estoy desconectado de la gente y de la realidad de mi país, Colombia. Soy un antisocial u hombre introvertido que ignora a las personas desconocidas en los lugares públicos. De este modo, jamás conseguiré novia, esposa, amigas e hijos; descendencia o frutos como mi Dios Yahvé desearía, para mi felicidad y la de otras personas, incluso de aquellas que aún no han nacido.
​Necesito leer más el libro Cuando el mundo sea como uno: La llegada del Nuevo Orden Mundial, del escritor Tal Brooke (When the World Will Be As One: The Coming New World Order). Debo evitar la segregación o exclusión de las personas y, de la misma forma, abandonar el narcisismo orientado a modelar la figura de un dictador mundial que, por su influencia, logre que la gente lo ensalce y venere mediante alusiones obtenidas en parte gracias al hambre, el miedo, el terror y la represión social: “Te amamos, oh gran líder de lo insano y descabellado”.
​Por el contrario, un líder debe ser una persona que motive y despierte a todos hacia un cambio positivo en los aspectos que necesitan atención. Un líder debe tener a Dios como su director, precepto, inspiración e instrumento de obra colectiva. 

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